- Un trabajo español comprueba
que la alimentación propia del sur de Europa protege el corazón
MADRID.- Reducir todas las grasas
del menú diario no es una buena solución para prevenir una embolia
cerebral o un infarto. En cambio, incluir aceite de oliva virgen o
frutos secos en la dieta mediterránea clásica reduce la incidencia
de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular,
según los resultados preliminares de un macroestudio español.
En el macroestudio sobre Prevención
con Dieta Mediterránea (PREDIMED), en el que participan más de 200
centros de salud de ocho comunidades autónomas y 17 grupos de
investigación, se ha comprobado que añadir aceite de oliva
virgen o frutos secos (almendras, avellanas y nueces) a una
dieta mediterránea logra bajar la tensión arterial, el colesterol
malo y el azúcar en sangre mucho más que si se sigue un menú bajo en
grasas. Los principales responsables de este trabajo han presentado
hoy en Madrid los resultados coincidiendo con la publicación de
estos en la revista 'Annals
of Internal Medicine'.
"No hay que prohibir todas las
grasas a las personas obesas", explica Emilio Ros, endocrinólogo del
Hospital Clínico de Barcelona y uno de los investigadores del
estudio. Este especialista insiste en que añadir aceite o frutos
secos a una dieta mediterránea no tiene que equivaler a un aumento
de peso ya que se puede compensar con el número de calorías
globales. "En el estudio no dimos consejos específicos para perder
peso. Introdujimos grasas saludables que tienen un efecto distinto
de las grasas saturadas", insiste Ros.
El trabajo presentado hoy
corresponde al proyecto piloto del macroestudio, es decir, se trata
de los resultados obtenidos a los tres meses de seguimiento de la
intervención con 772 pacientes. Sin embargo, el estudio tendrá
una duración media de cuatro años y en él participarán 9.000
sujetos. "La reducción de riesgo cardiovascular puede
llegar al 40-50% al finalizar la investigación. Aunque ahora se han
publicado los datos de los primeros meses, hemos visto que después
de un año los beneficios continúan", afirma Ramón Estruch,
especialista en medicina interna del Hospital Clínico de Barcelona y
coordinador del proyecto.
Hasta la fecha, el efecto saludable
de la dieta mediterránea sólo se había analizado a través de
estudios de observación (epidemiológicos) o pequeños trabajos de
intervención. El estudio PREDIMED es el primer trabajo en
que de forma controlada y aleatoria se evalúa las
consecuencias para la salud de tomar una comida mediterránea en
personas sin
enfermedad cardiovascular pero con más de un factor de
riesgo: tensión arterial elevada, cifras altas de colesterol total o
malo (LDL), diabetes, sobrepeso u obesidad.
Intervención y resultados
Al comienzo del estudio, que empezó
a finales de 2002, se dividieron a los participantes en tres
grupos: dos de ellos consumieron una dieta mediterránea,
uno con un suplemento de un litro de aceite de oliva virgen
a la semana y otro con frutos secos, 30 gramos diarios (15g
de nueces, 7,5g de avellanas y 7,5g de almendras). A estos
participantes se les dio una lista de la compra adaptada, menús
semanales e instrucciones sobre la elección de los productos y la
conservación de los alimentos. El tercer grupo siguió una
dieta baja en grasas.
A los tres meses, la tensión
arterial sistólica se redujo en los dos primeros grupos, un 3% y un
4%, respectivamente, mientras que no cambió entre los participantes
que tomaron una dieta baja en grasas. El nivel de glucosa (azúcar en
sangre) descendió también en el primer y segundo grupo, un 3% y un
2%, respectivamente, mientras que en el grupo control se elevó un
2%.
La concentración de
colesterol bueno, HDL, aumentó en los sujetos de la
dieta mediterránea (un 3% mayor entre los que tomaron aceite frente
a los frutos secos), pero este beneficio no se dio en el tercer
grupo. En cuanto a las cifras de colesterol malo, LDL, se observó
una disminución en los tres grupos, pero la mayor reducción se
registró en aquellos que suplementaron su dieta mediterránea con
aceite de oliva.
Otro factor de riesgo, la
inflamación arterial, también mejoró con la dieta
mediterránea. Los indicadores de este proceso disminuyeron un 8% en
el grupo del aceite de oliva y un 9% en el grupo de los frutos
secos. En cambio, en el grupo de la dieta baja en grasa aumentaron
un 1%.
Tipo de aceite y frutos secos
"Con este estudio pretendemos por
un lado saber por qué en el sur de Europa hay menor riesgo de
enfermedad cardiovascular y, por otro, comprobar científicamente el
efecto de la dieta meditarránea en la prevención primaria.
Las investigaciones previas habían analizado esta dieta en la
prevención secundaria, es decir, cuando ya hay enfermedad, pero
nosotros lo hemos hecho en personas sanas", explica Miguel Fiol,
cardiólogo del Hospital Sondureta de Palma de Mallorca y uno de los
autores del trabajo.
Valentina Ruiz-Gutiérrez,
investigadora del Instituto de la Grasa del Centro Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC), explica que el aceite de
oliva virgen es la única grasa que se obtiene de un fruto y
no de una semilla. "Su elaboración, por presión y sin tratamiento
químico, elimina todo proceso químico, que suele
destruir los fenoles del aceite que son sustancias con efecto
vascular. Por esto lo que más nos preocupaba era el control de
calidad del producto, algo que se ha asegurado al entregar a los
participantes el aceite correspondiente para su uso semanal".
La elección de los frutos secos se
hizo por las evidencias de otros estudios que sugerían el alto valor
de su consumo. El organismo quema mejor este tipo de grasas
insaturadas y absorbe sólo una parte de ellas, el resto se eliminan
lo que favorece la mejora del estreñimiento. Las nueces
contienen ácidos alfalinoleicos (omega 3 vegetales) que les
confieren efectos saludables sobre la salud y la prevención
cardiovascular. "Por este motivo doblamos la cantidad de nueces
sobre las avellanas y las almendras", explica Ramón Estruch.
Los participantes debían tomar
estos frutos secos con piel, que es la parte que aporta mayor
concentración de estos ácidos, y en cualquier momento del día salvo
después de la cena. "Pretendíamos que tuvieran un efecto
saciante, y que en lugar de picar otra cosa entre las
comidas tomaran frutos secos", aclara Estruch.
Para comprobar que efectivamente
los participantes siguen adecuadamente su dieta, se realizan
análisis periódicos de la sangre y orina para detectar la presencia
de algunas sustancias que indican que se está consumiendo aceite o
frutos secos. Además, anualmente se llevarán a cabo
electrocardiogramas a todas estas personas para que no pase
desapercibido cualquier episodio coronario.
El objetivo final, la reducción de
los trastornos cardiovasculares, se conocerá al final del estudio o
en una fase más avanzada. De momento, los resultados observados,
disminución de los factores de riesgo, aumentan la esperanza de que
la dieta mediterránea enriquecida sea una buena forma de fomentar la
salud.