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«Está
emergiendo más rápido que cualquier otra catástrofe sanitaria que
el mundo haya visto. La epidemia mermará los recursos de todo el
planeta si los gobiernos no despiertan y pasan ya a la acción».
Martin Silink, presidente electo de la Federación Internacional de
Diabetes (IDF, siglas en inglés), disparó esta semana las alarmas
en el 66 congreso científico de la Asociación Americana de
Diabetes (ADA), celebrado en Washington (EEUU). Si no se ataja su
expansión, las previsiones indican que la enfermedad desbordará en
unos años la capacidad de los sistemas sanitarios del planeta.
Las cifras hablan por si sólas. El
número de afectados asciende a 230 millones en todo el mundo, pero
se estima que crecerán hasta 350 en menos de 20 años. La salud de
muchos de ellos depende del aporte diario de dosis de insulina, la
hormona pancreática cuyo déficit es causa de la dolencia. La
mayoría tiene que pinchársela varias veces al día e, incluso,
durante la noche. Una tarea tediosa. En el futuro cada vez menos
tendrán que recurrir a las jeringuillas. En el congreso de la ADA
se han presentado algunas de las nuevas terapias que les harán la
vida más fácil y les ayudarán a mejorar el control de su dolencia.
Muchos podrán evitar, por fin, las agujas.
Todas las previsiones son
pesimistas. Actualmente la diabetes es una de las principales
causas de muerte prematura en el mundo y se calcula que esta tasa
aumentará un 25% durante la próxima década. La patología es
responsable de un millón de amputaciones cada año, del 5% de los
casos de ceguera y es el principal motivo de fallo renal en los
países desarrollados. Sin embargo, a pesar de estas alarmantes
cifras, los esfuerzos políticos que se han realizado para combatir
la enfermedad son escasos. «La comunidad internacional necesita
empezar a tomarse en serio esta amenaza», denuncia Pierre Lefebvre,
miembro de la Federación Internacional de Diabetes (IDF).
«Aumenta en todo el mundo debido
a los cambios en el estilo de vida. Se come peor y no se realiza
ninguna actividad física. Esto influye en la aparición de la
obesidad», explica Isaac Levy, consultor de Endocrinología y
Diabetes del Hospital Clínic de Barcelona.
ALIANZA LETAL
El exceso de peso es una de las
puertas para la diabetes. Ambas epidemias crecen en paralelo y su
'alianza' puede tener efectos explosivos. El riesgo medio de
desarrollar la dolencia metabólica para un varón de 18 años cuyo
peso es normal es de un 20%. Pero si es obeso se incrementa al 57%
y alcanza el 70% si la obesidad es severa. Los cálculos son
similares para las mujeres. De hecho, entre el 80% y 90% de los
casos de diabetes corresponde al denominado tipo 2, y su aparición
se atribuye al mantenimiento de unos malos hábitos de vida.
«Mejorar la dieta, aumentar la
actividad física y dejar de fumar bastaría para tratar estos
casos. Pero no somos optimistas porque el coste de introducir
medidas para modificar el estilo de vida es muy alto y han
fracasado en países como EEUU», opina Levy.
Sólo en Europa hay 48 millones de
diabéticos, de los que aproximadamente tres millones viven en
España. En un periodo de dos años (entre 2003 y 2005) la
incidencia de la enfermedad en el continente europeo se ha
incrementado un 23%.
No obstante, crece más rápido en
los países en vías de desarrollo. Según las últimas cifras
presentadas en el congreso de la Asociación Americana de Diabetes
(ADA), en pocos años el colectivo de los diabéticos superará a la
población conjunta de Australia, Canadá y EEUU. El doctor Martin
Silink proclama que «el impacto social, económico y humano» de
esta enfermedad es «devastador y el mundo debe reconocerlo». Lo
paradójico de la situación es que hasta el 80% de los casos de
diabetes tipo 2, se puede prevenir con medidas
higiénico-dietéticas.
Conscientes y preocupados por la
creciente amenaza que supone la enfermedad, los más de 15.000
profesionales que asistieron a la reunión de la ADA acogieron con
expectativas las novedades terapéuticas que presentaron las
compañías, entre las que destacaron la insulina inhalada y una
nueva familia de medicamentos orales.
Las esperanzas para lograr la
curación de la diabetes están depositadas en el trasplante de
islotes pancreáticos y en las células madre. Pero su aplicación
aún está lejos.
El objetivo fundamental de las
terapias disponibles es controlar los niveles de glucosa en
sangre. Se consideran normales los que se sitúan entre 70 y 110
miligramos por decilitro.
«El control del nivel de azúcar
en los diabéticos tipo 2 reduce un 37% el riesgo de enfermedad
cardiovascular, un 12% el de infarto, un 16% la posibilidad de que
se produzca un fallo cardiaco y un 43% la de enfermedad
cardiovascular periférica», apunta Julio Rosenstock, del Centro de
Endocrinología y Diabetes de Dallas (EEUU). Pero a pesar de los
tratamientos disponibles, los especialistas coinciden en que «el
control de la glucosa en los diabéticos tipo 2 está empeorando».
NUEVAS TERAPIAS
Una de las grandes apuestas para
mejorar la situación es el desarrollo de formas de administración
de las terapias más sencillas. Un buen ejemplo es el de la
insulina inhalada. Desde hace 80 años, la forma inyectable se ha
mostrado eficaz, pero los repetidos pinchazos resultan incómodos
para muchos. «¿Por qué no la habéis inventado antes?, es lo
primero que nos dicen los pacientes que la han probado», comenta
Rosenstock sobre Exubera, la presentación inhalable de Pfizer que,
en noviembre de 2005, recibió el visto bueno de la agencia
estadounidense del medicamento. Ya está disponible en Alemania e
Irlanda y pronto llegará a EEUU y Reino Unido. En España se espera
para 2007.
«Los diabéticos tipo 2 suelen
tardar mucho en iniciar la terapia con inyecciones de insulina,
por miedo a los pinchazos y a las complicaciones que conllevan.
Por eso, la inhalada es una gran noticia», afirma el experto de
Dallas. David Simons, de Pfizer, explica cómo se utiliza: «Se
inhala por la boca 10 minutos antes de las comidas, se cuenta
hasta cinco y luego se expulsa el aire».
«Mi experiencia es que es mucho
más cómoda y facilita las cosas en lugares como un avión o un
restaurante. La gente no se te queda mirando cuando usas el
inhalador», declara el estadounidense Mack Halsey, que ha probado
Exubera.
Los datos presentados en la
reunión de la ADA, correspondientes a dos estudios de dos años con
635 participantes diabéticos tipo 2 y con 582 pacientes con
diabetes tipo 1, mostraron que esta insulina mantiene los mismos
niveles de azúcar en sangre que la inyectable, produce menos
aumento de peso que ésta y sus efectos «parece que se mantienen a
largo plazo», dice Rosenstock. Sin embargo, matiza que «no podemos
evitar efectos secundarios característicos de este sistema de
administración como, por ejemplo, la tos». También faltan datos
sobre sus efectos a largo plazo sobre la función pulmonar. Está
contraindicada en personas con patología respiratoria, como asma o
enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), en fumadores (y ex
fumadores recientes), hipertensos, niños y embarazadas. Tampoco
sustituirá totalmente a las inyecciones en los diabéticos tipo 1,
aunque sí puede reducir el número de pinchazos. El motivo es que
se trata de una insulina de acción corta y no cubre las
necesidades diarias de estos enfermos.
Un inconveniente adicional es su
precio. Aunque no está fijado, puede situarse en torno a los
cuatro o cinco euros al día, muy superior al de la insulina
inyectada. «Lo ideal sería tener un producto oral, pero hasta
ahora todos los intentos han fracasado, porque el estómago
destruye la insulina, aunque sigue siendo una línea de
invesigación», indican los especialistas.
MEJOR CONTROL
Pincharse insulina no es el único
quebradero de cabeza de los diabéticos. Tanto más tedioso es tener
que comprobar varias veces al día, mediante punciones en los dedos
de la mano, cual es su nivel sanguíneo de azúcar. En función de
esta medida se ajustan las dosis de la hormona pancreática.
También han surgido novedades para facilitar esta tarea. La última
incorporación ha sido la bomba de insulina, un dispositivo cuyo
uso crece gradualmente.
«Estoy encantada desde que la
llevo. Me da comodidad y estoy más controlada. Tengo menos
hipoglucemias [bajadas bruscas del nivel de glucosa] y menos
síntomas», relata Susana Hernández, madrileña de 37 años,
diabética desde los 17, y 'enganchada' a la bomba desde marzo. «Mi
problema es que sufría el fenómeno del alba. Mi glucemia subía y
bajaba mientras dormía y me tenía que levantar a las tres y las
cinco de la madrugada para analizar el nivel de azúcar y
pincharme», señala. Las inyecciones de insulina no cubrían sus
fluctuaciones nocturnas.
Ahora vive 'adosada' al
dispositivo del tamaño de un teléfono móvil que le colocaron en la
Unidad de Diabetes del Hospital La Paz, en Madrid. A través de un
fino catéter y una diminuta aguja insertada en su abdomen, el
artilugio le administra la insulina de forma continua durante las
24 horas del día. Las noches las duerme de un tirón. La bomba se
programa para ir liberando el producto y la propia Susana puede
regularla para administrarse dosis adicionales, por ejemplo, antes
de las comidas. Cada tres o cuatro días renueva la aguja y el
catéter y recarga el reservorio de insulina del dispositivo.
Unos 2.000 de españoles ya
utilizan este sistema con cargo a la seguridad social, aunque no
todos los hospitales cuentan con programas para implantarlos. Una
posible explicación: el coste mensual del tratamiento es entre
cinco y 10 veces superior al de las inyecciones tradicionales de
insulina. Aunque, según Levy, a medio plazo abarataría el gasto
sanitario que genera la enfermedad, al «reducir la aparición de
complicaciones crónicas».
PÁNCREAS ARTIFICIAL
El camino está trazado para dar
el siguiente paso, conseguir un páncreas artificial, una especie
de marcapasos implantable que no sólo administrará automáticamente
la insulina, como ya hace la bomba, sino que controlara en tiempo
real los niveles de azúcar y ajustará la dosis. La compañía
Medtronic ha desarrollado un ingenio que se acerca a este
objetivo. Combina la bomba de insulina con el chequeo continuo de
la glucemia. Si los niveles de azúcar se desplazan de los límites
saludables, salta una alarma. El artefacto es útil para pacientes
pediátricos con muchos picos glucémicos nocturnos y permite
relajar la disciplina y el estricto control que exige esta
enfermedad.
Para los diabéticos tipo 2 que no
requieren aún aportes exógenos de insulina, pero no se controlan
con dieta y ejercicio, también se han presentado novedades en
forma de pastillas. Ya están disponibles algunos antidiabéticos
orales como sulfonilúreas y meglitinidas, que estimulan la
secreción de insulina del páncreas; biguanidas, como la metformina,
que reduce la cantidad de glucosa que produce el hígado;
tiazolidinedionas, que ayudan al organismo a responder mejor a la
hormona, e inhibidores de alfa glucosidasa, que reducen el ritmo
de descomposición de los azúcares.
Ahora llega una nueva familia:
los inhibidores de los receptores celulares DPP-IV, que ayudan al
páncreas a producir más insulina bloqueando este enzima. Merck &
Co y Novartis han presentado sus primeros productos de esta nueva
clase, sitagliptina y vidagliptina, y esperan una pronta
aprobación. «Combinan las bondades de las otras familias de
pastillas y no aumentan el peso, uno de los problemas más comunes
de la terapia oral», afirma John Buse, vicepresidente de la ADA. |