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Obesidad infantil
 

En las sociedades desarrolladas la obesidad infantil se esta convirtiendo en un problema de salud cada vez más frecuente. Para combatirla se requiere un esfuerzo conjunto de los padres, los consejos escolares, las cadenas alimentarias, y en general de toda la sociedad.

 

  1. ¿Qué es la obesidad?

 

La obesidad podría ser definida como el resultado del descuido combinado con una de las principales características de la sociedad actual: sociedad de la abundancia o de la plenitud, y también naturalmente con grandes dosis de ignorancia, lo que nos hace preguntarnos por qué hemos llegado a esta situación.

Y es que la obesidad se convertirá, tal como dice la OMS, en la "epidemia del siglo XXI", con graves repercusiones sanitarias, sociales y económicas.

 

  2. Cambio de los hábitos

 

Después de la segunda guerra mundial, se pasó por momentos de escasez y de lucha por la supervivencia. Los pocos alimentos que estaban a nuestro alcance eran naturales y requerían no sólo el esfuerzo del cultivo de las patatas, las legumbres, los vegetales o los cereales casi siempre enteros (integrales), sino que para poner el pan en la mesa, antes había que amasarlo.

Entonces la obesidad no existía, los ricos comían más y su aspecto era bueno, nada que ver con el aspecto de los pobres que apenas disponían de comida, justo lo contrario de lo que ocurre actualmente en el mundo desarrollado: las capas más desfavorecidas son las que presentan mayor exceso de peso.

Se come mucho y mal en general, los alimentos que ingerimos tienen un alto contenido calórico, pero son muy pobres en cuanto a valor nutritivo. Y es fundamental que el cuerpo cubra sus necesidades nutricionales.

 

  3. ¿Por qué engordamos?

 

El hombre viene equipado desde que nace con genes y hormonas que regulan el equilibrio de la ecuación energética: por una parte están las calorías que consumimos y por otra están las calorías que quemamos cuando realizamos cualquier tipo de actividad física.

Si tomamos más calorías de las que gastamos, esa diferencia se transforma en grasa corporal. Y esta es la razón del sobrepeso y las consecuencias adversas de la obesidad que en este momento nos lleva a una creciente crisis de salud pública de alcance global.

Tanto es así, que la OMS ha aprobado formalmente una estrategia global de dieta, actividad física y salud, que recomienda el límite de consumo de grasas, sal y azúcares.

El problema de la obesidad exige acciones serias desde los gobiernos, porque está ocasionando grandes costes a los sistemas sanitarios.

En la sociedad actual, compramos en las grandes superficies. El nombre no puede ser más ilustrativo: los estantes están repletos con todo tipo de productos alimenticios, muy apetecibles a la vista, y también sabrosos al paladar, porque llevan en exceso azúcar, sal y mucha grasa.

En las ofertas se acentúa la cantidad "llévese dos por el mismo precio". Decir que no exige una gran fuerza de voluntad y moderación, algo que no va con nuestra sociedad actual, donde prima el exceso.

De acuerdo con los expertos en salud pública, el 18% de los niños europeos tienen sobrepeso o son obesos. Se dice que los niños de hoy serán la primera generación en la historia cuyas expectativas de vida estarán por debajo de las de sus padres.

Este hecho debería suponer una gran preocupación para todos nosotros, porque de alguna manera somos responsables de lo que nuestros hijos se llevan a la boca, pero una epidemia de estas características también debería requerir la atención de los gobiernos.


 

  4. Cómo combatir la obesidad infantil

 

No se trata de un problema de estética sino del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipercolesterolemia, hipertensión o trombosis, por citar algunas de ellas.

Cuestión de educación. La Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad manifiesta que el 8% del coste de la sanidad en Europa se dirige al tratamiento de la obesidad y las enfermedades relacionadas con este trastorno.

Al tratarse de una cifra tan alta deberíamos analizar responsablemente la forma de combatirla. Los consejos escolares están obligados a reforzar los hábitos higiénico-dietéticos de los alumnos, es decir, situar el cuidado físico y el dietético al mismo nivel de consideración que se tiene con el resto de las materias académicas.

Evitando en los menús las comidas basura y bebidas gaseosas, que los niños libremente en muchos casos extraen de las máquinas expendedoras. Enseñándoles a comer mejor, a mantenerse activos y ver menos la televisión. Los padres igualmente deben tener en cuenta todas estas observaciones, porque son los primeros educadores de sus hijos.

Las cadenas alimentarias, del mismo modo, deben dirigir su producción a productos más nutritivos, teniendo en cuenta que sean beneficiosos para la salud, por encima de otras consideraciones.

Deben centrar sus ofertas en la calidad, en lugar de en la cantidad, sustituyendo calorías por elementos nutritivos. Y deben poner mucha atención en el etiquetado, insertando en sitios visibles y de forma clara el valor nutricional: vitaminas y minerales, así como cantidad de calorías, sal y tipo de grasas que contiene, siempre de acuerdo con la normativa de los expertos.

Sería aconsejable que las compañías tanto las de nutrición como las farmacéuticas, en lugar de tratar de buscar el producto o la pastilla mágica que consiga disolver o hacer desaparecer la grasa del cuerpo, invirtieran esos recursos en promocionar productos más saludables, porque a largo plazo todo el mundo saldría ganando.

Los expertos dicen que no hay que sacrificar el sabor ni pasar hambre, sin embargo, con una mejor planificación y un mejor entendimiento y educación, todos podríamos comer mucho mejor y nuestra salud lo agradecería.

Es verdad que vivimos en un medio hostil y puede que sea este el precio que los países industrializados están pagado al desarrollo. Y, de nuevo, volvemos a la idea del principio: durante épocas de escasez tuvimos que vencer la desnutrición y la anemia para sobrevivir; y en tiempos de abundancia, la obesidad exacerbada por una dieta pobre y equivocada acompañada de la inactividad física, será la primera causa de muerte.

Una de las reflexiones sería: si, después de muchos años de desarrollo, los humanos hemos ignorado nuestros principios más básicos, debemos introducir entre nuestros valores la moderación, la disciplina y la solidaridad. Y si la producción en masa reduce los precios, debemos consumir menos y ayudar a todos aquellos que se mueren por no tener nada más que hambre.
 

 

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