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Obesidad infantil
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En las sociedades
desarrolladas la obesidad infantil se esta convirtiendo en un problema
de salud cada vez más frecuente. Para combatirla se requiere un
esfuerzo conjunto de los padres, los consejos escolares, las cadenas
alimentarias, y en general de toda la sociedad. |
La obesidad podría ser definida como el
resultado del descuido combinado con una de las principales
características de la sociedad actual: sociedad de la abundancia o de
la plenitud, y también naturalmente con grandes dosis de ignorancia,
lo que nos hace preguntarnos por qué hemos llegado a esta situación.
Y es que la obesidad se convertirá, tal como dice la OMS, en la
"epidemia del siglo XXI", con graves repercusiones sanitarias,
sociales y económicas. |
Después de la segunda guerra mundial, se
pasó por momentos de escasez y de lucha por la supervivencia. Los
pocos alimentos que estaban a nuestro alcance eran naturales y
requerían no sólo el esfuerzo del cultivo de las patatas, las
legumbres, los vegetales o los cereales casi siempre enteros
(integrales), sino que para poner el pan en la mesa, antes había que
amasarlo.
Entonces la obesidad no existía, los ricos comían más y su
aspecto era bueno, nada que ver con el aspecto de los pobres que
apenas disponían de comida, justo lo contrario de lo que ocurre
actualmente en el mundo desarrollado: las capas más desfavorecidas son
las que presentan mayor exceso de peso.
Se come mucho y mal en general, los alimentos que ingerimos tienen
un alto contenido calórico, pero son muy pobres en cuanto a valor
nutritivo. Y es fundamental que el cuerpo cubra sus necesidades
nutricionales. |
El hombre viene equipado desde que nace
con genes y hormonas que regulan el equilibrio de la ecuación
energética: por una parte están las calorías que consumimos y
por otra están las calorías que quemamos cuando realizamos
cualquier tipo de actividad física.
Si tomamos más calorías de las que gastamos, esa diferencia se
transforma en grasa corporal. Y esta es la razón del sobrepeso y las
consecuencias adversas de la obesidad que en este momento nos lleva a
una creciente crisis de salud pública de alcance global.
Tanto es así, que la OMS ha aprobado formalmente una estrategia
global de dieta, actividad física y salud, que recomienda el
límite de consumo de grasas, sal y azúcares.
El problema de la obesidad exige acciones serias desde los gobiernos,
porque está ocasionando grandes costes a los sistemas sanitarios.
En la sociedad actual, compramos en las grandes superficies. El nombre
no puede ser más ilustrativo: los estantes están repletos con todo
tipo de productos alimenticios, muy apetecibles a la vista, y también
sabrosos al paladar, porque llevan en exceso azúcar, sal y mucha
grasa.
En las ofertas se acentúa la cantidad "llévese dos por el mismo
precio". Decir que no exige una gran fuerza de voluntad y moderación,
algo que no va con nuestra sociedad actual, donde prima el exceso.
De acuerdo con los expertos en salud pública, el 18% de los niños
europeos tienen sobrepeso o son obesos. Se dice que los niños de
hoy serán la primera generación en la historia cuyas expectativas de
vida estarán por debajo de las de sus padres.
Este hecho debería suponer una gran preocupación para todos nosotros,
porque de alguna manera somos responsables de lo que nuestros hijos
se llevan a la boca, pero una epidemia de estas características
también debería requerir la atención de los gobiernos. |
No se trata de un problema de estética
sino del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares,
diabetes, hipercolesterolemia, hipertensión o trombosis, por citar
algunas de ellas.
Cuestión de educación. La Asociación Europea para el Estudio de la
Obesidad manifiesta que el 8% del coste de la sanidad en Europa se
dirige al tratamiento de la obesidad y las enfermedades relacionadas
con este trastorno.
Al tratarse de una cifra tan alta deberíamos analizar responsablemente
la forma de combatirla. Los consejos escolares están obligados
a reforzar los hábitos higiénico-dietéticos de los alumnos, es decir,
situar el cuidado físico y el dietético al mismo nivel de
consideración que se tiene con el resto de las materias académicas.
Evitando en los menús las comidas basura y bebidas gaseosas, que los
niños libremente en muchos casos extraen de las máquinas expendedoras.
Enseñándoles a comer mejor, a mantenerse activos y ver menos la
televisión. Los padres igualmente deben tener en cuenta todas
estas observaciones, porque son los primeros educadores de sus hijos.
Las cadenas alimentarias, del mismo modo, deben dirigir su
producción a productos más nutritivos, teniendo en cuenta que sean
beneficiosos para la salud, por encima de otras consideraciones.
Deben centrar sus ofertas en la calidad, en lugar de en la cantidad,
sustituyendo calorías por elementos nutritivos. Y deben poner mucha
atención en el etiquetado, insertando en sitios visibles y de forma
clara el valor nutricional: vitaminas y minerales, así como cantidad
de calorías, sal y tipo de grasas que contiene, siempre de acuerdo con
la normativa de los expertos.
Sería aconsejable que las compañías tanto las de nutrición como las
farmacéuticas, en lugar de tratar de buscar el producto o la
pastilla mágica que consiga disolver o hacer desaparecer la grasa del
cuerpo, invirtieran esos recursos en promocionar productos más
saludables, porque a largo plazo todo el mundo saldría ganando.
Los expertos dicen que no hay que sacrificar el sabor ni pasar
hambre, sin embargo, con una mejor planificación y un mejor
entendimiento y educación, todos podríamos comer mucho mejor y nuestra
salud lo agradecería.
Es verdad que vivimos en un medio hostil y puede que sea este el
precio que los países industrializados están pagado al desarrollo. Y,
de nuevo, volvemos a la idea del principio: durante épocas de escasez
tuvimos que vencer la desnutrición y la anemia para sobrevivir; y en
tiempos de abundancia, la obesidad exacerbada por una dieta pobre y
equivocada acompañada de la inactividad física, será la primera causa
de muerte.
Una de las reflexiones sería: si, después de muchos años de
desarrollo, los humanos hemos ignorado nuestros principios más
básicos, debemos introducir entre nuestros valores la moderación,
la disciplina y la solidaridad. Y si la producción en masa reduce
los precios, debemos consumir menos y ayudar a todos aquellos que se
mueren por no tener nada más que hambre.
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